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Cuerpo y peso: más allá del “bajar de peso”

Bajar de peso en 2026: ¿sigue siendo una meta válida o necesitamos cambiar la narrativa?

Redacción Más Sana

Cada inicio de año, “bajar de peso” encabeza la lista de propósitos más repetidos. Gimnasios llenos, dietas virales y retos exprés prometen resultados rápidos. Sin embargo, en 2026 la pregunta ya no es solo cómo bajar de peso, sino por qué seguimos colocando el número de la báscula como sinónimo de bienestar.

El problema de reducir la salud a un número

Especialistas en salud coinciden en que el peso corporal, por sí solo, dice poco sobre el estado real de una persona. Dos individuos con el mismo peso pueden tener condiciones físicas completamente distintas. Factores como la masa muscular, la composición corporal, la salud metabólica, el nivel de estrés o la calidad del sueño suelen ser mejores indicadores de bienestar que los kilos perdidos.

Aun así, la cultura del “antes y después” continúa dominando redes sociales y discursos de Año Nuevo, reforzando la idea de que adelgazar es una obligación moral y no una decisión personal.

Dietas, culpa y ciclos de fracaso

La narrativa tradicional del adelgazamiento suele venir acompañada de restricción extrema, culpa y castigo. Dietas que eliminan grupos completos de alimentos o rutinas físicas imposibles de sostener generan resultados temporales, seguidos casi siempre por el llamado “efecto rebote”.

Este ciclo no solo impacta el cuerpo, sino también la salud mental. Estudios recientes alertan que la obsesión por el peso puede derivar en ansiedad, baja autoestima y una relación conflictiva con la comida, especialmente en mujeres y jóvenes.

Cambiar el enfoque: del peso a la salud integral

En contraste, cada vez más profesionales impulsan un cambio de paradigma: poner el foco en hábitos y no en kilos. Comer mejor, moverse más, descansar adecuadamente y gestionar el estrés no siempre se traducen en una baja inmediata de peso, pero sí en mejoras sostenidas en la salud cardiovascular, hormonal y emocional.

Bajo esta visión, bajar de peso puede ser una consecuencia, no el objetivo central. El énfasis está en cómo se siente el cuerpo y qué tan funcional es, más que en cómo se ve.

¿Sigue siendo válida la meta de bajar de peso?

Para algunas personas, perder peso puede ser una recomendación médica legítima, especialmente en casos donde existe riesgo para la salud. Sin embargo, expertos subrayan que no todas las personas necesitan adelgazar para estar sanas, y que imponer esta meta de forma generalizada resulta simplista y, en muchos casos, dañina.

En 2026, la conversación se mueve hacia metas más amplias: tener más energía, reducir el dolor, mejorar la movilidad, fortalecer la salud mental o simplemente construir una relación más amable con el propio cuerpo.

Un nuevo propósito

Más que preguntarnos cuántos kilos queremos perder este año, el debate actual invita a replantear el propósito: ¿qué necesita mi cuerpo para vivir mejor?. Cambiar la narrativa no significa abandonar la salud, sino entenderla de forma más completa, menos punitiva y más sostenible.

Tal vez el verdadero reto de este año no sea bajar de peso, sino dejar de medir nuestro valor —y nuestra salud— en una báscula.

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