
Durante décadas, el cuidado de la piel fue presentado como un territorio exclusivo de las mujeres. Cremas, tónicos, sueros y protectores solares se dirigían a un mercado estrictamente femenino, mientras que a los hombres se les asignaba una estética “ruda” que rechazaba cualquier gesto asociado al autocuidado. Pero esa narrativa está cambiando: hoy, el skincare masculino vive un auge que no solo responde a nuevas estrategias de marketing, sino también a una transformación cultural mucho más profunda.
Las grandes marcas de belleza han identificado un cambio generacional. Los jóvenes consumidores —particularmente millennials y centennials— se muestran más abiertos a rutinas de bienestar que incluyen el cuidado del rostro, tratamientos dermatológicos y productos especializados. Ya no se trata solo de “verse bien”, sino de sentirse saludables, proteger la piel del sol y prevenir signos de envejecimiento. Es un enfoque integral que ha logrado penetrar incluso en sectores tradicionalmente renuentes.
El marketing ha jugado un papel clave. La publicidad dejó atrás el estereotipo del hombre que solo usa jabón y agua, y ahora apuesta por mensajes que normalizan el skincare como una práctica diaria, útil y accesible. Los empaques neutros, las líneas “for men” y las campañas protagonizadas por atletas, actores o creadores digitales han contribuido a eliminar prejuicios y a construir nuevas aspiraciones.
Pero el cambio no proviene únicamente de las marcas. En redes sociales, dermatólogos y creadores de contenido desmitifican rutinas, explican ingredientes y muestran que el cuidado personal no tiene género. La masculinidad ya no se define por el desinterés en la estética; al contrario, cada vez más hombres ven en el skincare una forma de bienestar emocional, de autoestima y de salud preventiva.
El mercado también refleja esta transición: las ventas de productos para piel masculina aumentan cada año, mientras que los hombres buscan rutinas básicas pero efectivas —limpieza, hidratación y protección solar— que se adapten a su estilo de vida. Además, crece el interés por soluciones específicas como el control de grasa, la sensibilidad cutánea o el cuidado después de la afeitada.
Romper con los estigmas del skincare masculino es, en el fondo, romper con viejas ideas sobre lo que “debe” o “no debe” hacer un hombre. Hoy, el autocuidado se redefine como un acto de responsabilidad personal y de bienestar integral, y cada vez más hombres reclaman su espacio en ese terreno. El mensaje es claro: el cuidado de la piel no tiene género, y la nueva masculinidad lo abraza sin pedir permiso.
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