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El papel de la meditación en la gestión del estrés: una práctica que gana terreno

Expertos sostienen que su impacto puede ser aún mayor si se integra de manera sistemática en políticas de bienestar laboral y en estrategias de salud pública.

Redacción Más Sana

En un mundo donde las jornadas laborales se extienden, los dispositivos digitales demandan atención constante y la incertidumbre social se ha convertido en parte del día a día, la meditación emerge como una de las estrategias más efectivas para enfrentar el estrés contemporáneo. Lejos de ser una moda pasajera, esta práctica milenaria se posiciona como una herramienta respaldada por la ciencia y cada vez más integrada en hábitos cotidianos.

Durante la última década, diversos estudios han demostrado que la meditación —en sus múltiples formas: mindfulness, respiración consciente, visualización o escaneo corporal— reduce los niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés. Además, favorece la regulación emocional, mejora la concentración y fortalece la capacidad de resiliencia frente a situaciones adversas. Estos beneficios han impulsado a empresas, instituciones educativas y centros de salud a incorporar programas de bienestar basados en prácticas meditativas.

La popularización de aplicaciones móviles y contenidos digitales ha contribuido a su expansión. Lo que antes requería asistir a un centro especializado, hoy puede realizarse desde casa, en el transporte público o incluso en la oficina. Bastan unos minutos de respiración guiada para disminuir la tensión muscular y la sensación de agobio. Para muchos, esta accesibilidad ha convertido a la meditación en una vía rápida y efectiva para retomar el control emocional durante el día.

Más allá de sus beneficios físicos y mentales, la meditación también ha generado un cambio cultural. En distintos sectores de la población, se ha normalizado la idea de que detenerse unos minutos no es sinónimo de improductividad, sino una forma de cuidar la salud integral. La práctica invita a reconocer límites, observar pensamientos sin juicio y generar microespacios de calma en medio del caos.

En tiempos marcados por sobrecarga laboral, ansiedad y presión social, el interés por la meditación continúa creciendo. Expertos sostienen que su impacto puede ser aún mayor si se integra de manera sistemática en políticas de bienestar laboral y en estrategias de salud pública.

El mensaje es claro: meditar no es solo cerrar los ojos y respirar. Es una herramienta accesible, comprobada y transformadora para enfrentar el estrés del presente. En una sociedad que avanza cada vez más rápido, esta pausa consciente podría ser justo lo que necesitamos para seguir adelante con claridad y equilibrio.

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