
El reto está en no conformarse, pero tampoco castigarse.
Redacción Más Sana
Vivimos en una sociedad que glorifica la productividad. Desde el momento en que despertamos, se nos recuerda —en redes, en el trabajo, incluso en conversaciones cotidianas— que debemos ser eficientes, exitosos y emocionalmente estables. “Dar el 100%” se ha convertido en una exigencia constante, no solo laboral, sino también personal: hay que ser buenos hijos, parejas ejemplares, amigos presentes y, al mismo tiempo, alcanzar metas profesionales. Pero ¿qué ocurre cuando no se puede con todo?
El discurso del rendimiento total ha generado una nueva forma de agotamiento emocional. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 40% de los trabajadores mexicanos ha presentado síntomas de estrés crónico o burnout, un síndrome que refleja el colapso físico y mental provocado por la presión de ser productivos todo el tiempo.
La psicoterapeuta Karina Rivas explica que este modelo de vida “convierte la autoestima en un medidor de rendimiento”. Es decir, cuando una persona no logra cumplir con las expectativas impuestas —ya sea por el trabajo, la familia o ella misma—, interpreta el descanso o el fracaso como una debilidad. “La frustración de no dar el 100% lleva a una culpa silenciosa: la idea de que descansar es improductivo o que pedir ayuda es rendirse”, advierte.
Pero no ser productivo no significa ser inútil. Los especialistas coinciden en que el cuerpo y la mente necesitan pausaspara mantener la estabilidad emocional. Detenerse, bajar el ritmo o aceptar que hay días menos eficientes es también una forma de autocuidado. “La recuperación no es pérdida de tiempo; es la base para poder avanzar”, señala Rivas.
El reto está en no conformarse, pero tampoco castigarse. En vez de perseguir la perfección, los psicólogos recomiendan trabajar en la constancia: metas pequeñas, descansos programados y reconocimiento de los logros alcanzados. “Salir adelante no es siempre avanzar rápido, sino mantener el paso, incluso cuando el camino se hace pesado”, apunta la especialista.
En una época donde el cansancio se disfraza de éxito, aprender a no dar el 100% todo el tiempo puede ser un acto de resistencia y salud mental. Reivindicar la pausa, aceptar la vulnerabilidad y entender que el valor personal no se mide por la productividad, sino por la capacidad de seguir intentando, es quizás el verdadero triunfo.
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