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La pareja que ordena pero no equilibra: ¿Cómo el rol de “la mujer que arregla” perpetúa la desigualdad afectiva?

Expertos sugieren que reconocer y equilibrar estas dinámicas es clave para relaciones más saludables.

Redacción Más Sana

En muchas relaciones de pareja, se mantiene un patrón emocional y doméstico desigual: mientras uno de los integrantes, generalmente la mujer, asume la responsabilidad de “arreglar” los problemas y mantener la armonía, el otro se beneficia sin contribuir de manera equitativa, lo que especialistas llaman la perpetuación de la desigualdad afectiva.

Investigaciones en psicología de pareja destacan que este rol, históricamente atribuido a las mujeres, implica no solo realizar tareas domésticas, sino también gestionar emociones, mediar conflictos y garantizar la estabilidad emocional de la relación. A largo plazo, advierten, genera cargas mentales y emocionales desproporcionadas, aumentando el riesgo de estrés, resentimiento y desgaste afectivo.

Laura Méndez, psicóloga especialista en relaciones de pareja, explica que este patrón se refuerza culturalmente: “Desde la infancia, muchas mujeres aprenden a priorizar la armonía ajena sobre sus propias necesidades. Así se naturaliza que sean ellas quienes ‘arreglen’ la relación mientras sus parejas permanecen pasivas”.

El fenómeno se observa también en la toma de decisiones y el liderazgo doméstico: estudios recientes indican que, aunque ambos trabajen fuera del hogar, las mujeres continúan con la carga invisible de organizar horarios, actividades de los hijos y resolución de conflictos, mientras los hombres suelen delegar estas responsabilidades.

Expertos sugieren que reconocer y equilibrar estas dinámicas es clave para relaciones más saludables: comunicación asertiva, reparto equitativo de responsabilidades y conciencia emocional compartida son herramientas esenciales para romper el ciclo de desigualdad afectiva.

En la práctica, cuestionar el rol de “la mujer que arregla” no solo busca justicia emocional, sino también construir parejas más equilibradas, donde la responsabilidad afectiva sea compartida y la armonía no dependa de un solo integrante.

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