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Compartir casa, la nueva convivencia urbana en México: entre la necesidad económica y el apoyo emocional

Compartir vivienda, afirman, se ha convertido en una forma de crear vínculos, evitar la soledad y fomentar redes de apoyo emocional.

Redacción Más Sana

Frente al aumento de los costos de vivienda, los salarios insuficientes y la vida acelerada en las grandes ciudades, cada vez más personas en México optan por compartir casa o departamento, una tendencia que combina razones económicas y también emocionales.

En los últimos años, el fenómeno conocido como coliving ha ganado fuerza entre jóvenes profesionales, estudiantes y adultos solteros que buscan reducir gastos sin renunciar a la vida urbana. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el alquiler promedio en zonas metropolitanas ha aumentado hasta un 35% en los últimos tres años, lo que ha impulsado la búsqueda de alternativas colectivas para vivir.

Sin embargo, esta decisión va más allá de lo financiero. Especialistas en psicología urbana señalan que el aislamiento social y la necesidad de compañía tras la pandemia también han influido en este cambio. Compartir vivienda, afirman, se ha convertido en una forma de crear vínculos, evitar la soledad y fomentar redes de apoyo emocional.

En ciudades como Puebla, Guadalajara y Monterrey, surgen cada vez más espacios diseñados para la convivencia compartida, donde los inquilinos dividen gastos de renta, servicios y alimentos, pero también organizan actividades comunitarias y redes de ayuda mutua.

La nueva convivencia urbana refleja así un cambio cultural: compartir casa ya no se percibe como un sacrificio, sino como una estrategia de adaptación a los desafíos económicos y emocionales de la vida moderna. En palabras de varios jóvenes entrevistados, “no se trata solo de dividir la renta, sino de compartir la vida”.

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