
Problemas como la crisis ambiental, la sobrepoblación o las condiciones económicas hacen que muchos cuestionen la conveniencia de traer más personas al mundo.
Redacción Más Sana
Durante décadas, la maternidad y la paternidad fueron consideradas etapas obligadas en la vida adulta. Sin embargo, cada vez más personas en todo el mundo —y también en países como México— están cuestionando esa idea y optando por no tener hijos. ¿Es esto normal? Para muchos, es simplemente una decisión consciente que responde a una vida más informada y con nuevas prioridades.
Según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en la última década ha crecido el número de personas que deciden no casarse ni formar una familia tradicional. Además, estudios internacionales como los del Pew Research Center confirman que la proporción de adultos sin hijos por elección va en aumento, especialmente entre los jóvenes.
Un cambio cultural, no una crisis
Especialistas señalan que este fenómeno no responde necesariamente a una crisis social, sino a un cambio de valores. La psicóloga María Teresa Velasco lo resume así: “Por primera vez en siglos, ser padre o madre dejó de ser mandato automático y se convirtió en elección”.
Factores como la realización profesional, la estabilidad económica, la salud mental, la crisis climática y el deseo de libertad influyen en esta decisión. Muchas personas prefieren dedicarse a sus proyectos personales o vivir sin las exigencias que implica la crianza.
Ser padre o madre, sin presión
Quienes deciden no tener hijos suelen enfrentar cuestionamientos: “¿Y si te arrepientes?”, “¿quién te cuidará cuando envejezcas?”, “eso se te va a pasar”. Estas frases, lejos de ser inocentes, reflejan un modelo cultural que asocia la plenitud con la reproducción.
Sin embargo, voces como la de la escritora española María Fernández-Miranda —autora de No madre— han ayudado a visibilizar que una vida sin hijos también puede ser rica, significativa y feliz. “La maternidad no es el único destino posible para una mujer. Y no tener hijos no es una tragedia”, afirma.
Nuevas formas de vivir
La decisión de no tener hijos también se relaciona con una visión más crítica sobre el futuro. Problemas como la crisis ambiental, la sobrepoblación o las condiciones económicas hacen que muchos cuestionen la conveniencia de traer más personas al mundo.
Además, el acceso a anticonceptivos, a la educación sexual y a una mayor autonomía económica ha empoderado especialmente a las mujeres para decidir sobre su cuerpo y su destino.
Una opción, no una obligación
En resumen, no querer tener hijos no es sinónimo de egoísmo ni de inmadurez. Es una elección tan válida como cualquier otra, que requiere reflexión, convicción y respeto social. La narrativa está cambiando, y con ella, la manera en que entendemos la maternidad y la paternidad en el siglo XXI.
Porque al final, formar una familia no es lo que se espera de ti… es lo que tú decides construir con libertad.
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