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Cumple dos años “Tanatología Tibetana Para no Budistas”, el libro que resignifica la muerte sin necesidad de fe

Lejos de proponer rituales cerrados o creencias impuestas, el libro ofrece ejercicios prácticos, reflexiones y formatos para vivir el duelo con consciencia, permitiendo soltar sin negar el dolor.

Redacción Más Sana

A dos años de su publicación, el libro Tanatología Tibetana Para no Budistas, de Yolanda Godínez, ha consolidado su lugar como una herramienta fundamental para quienes enfrentan el duelo y desean comprender la muerte desde una óptica distinta, sin necesidad de pertenecer a alguna religión.

El texto, inspirado en el Libro tibetano de los muertos, fue concebido inicialmente como una propuesta arriesgada. La autora —psicóloga con más de 25 años de experiencia en psicoterapia humanista y tanatología budista— pensaba que su enfoque, basado en una visión oriental y espiritual, podía generar resistencia. Sin embargo, la respuesta ha sido todo lo contrario: lectores de diversos contextos han encontrado en sus páginas claridad, consuelo y guía para atravesar pérdidas recientes.

“El segundo año ha sido sorprendente”, reconoce Godínez. “Me impacta cómo las personas se acercan al libro cuando acaban de perder a un ser querido. Lo toman como un manual, hacen las lecturas y conectan desde el amor. Y en lugar de pensar que todo se va a acabar entre lágrimas, entienden que también el fallecido necesita paz y ecuanimidad. Eso cambia todo”.

Lejos de proponer rituales cerrados o creencias impuestas, el libro ofrece ejercicios prácticos, reflexiones y formatos para vivir el duelo con consciencia, permitiendo soltar sin negar el dolor. A través de esta perspectiva, no sólo se acompaña al doliente, sino también se honra el tránsito del que ha partido.

Tanatología Tibetana Para no Budistas ha sido descrito por sus lectores como un libro de cabecera: una guía íntima, amorosa y profunda que ayuda a resignificar el final de la vida como parte natural del camino humano. A dos años de su aparición, su impacto confirma que hablar de la muerte, cuando se hace con sensibilidad y claridad, puede también ser una forma de celebrar la vida.

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