
Incorporar el ejercicio como una parte cotidiana de la vida no solo beneficia al corazón y a los músculos, también fortalece la mente.
Redacción Más Sana
En medio de un mundo que avanza rápido y exige resiliencia constante, el ejercicio físico ha emergido como uno de los recursos más accesibles y eficaces para cuidar la salud mental. Lejos de limitarse a mejorar la condición física o la figura, el movimiento se ha convertido en una herramienta poderosa para regular las emociones, reducir el estrés y mejorar el estado de ánimo.
El cuerpo en movimiento libera la mente
Cuando nos ejercitamos, el cerebro libera endorfinas, conocidas como “hormonas de la felicidad”. Estas sustancias naturales actúan como analgésicos y elevadores del ánimo, disminuyendo la percepción del dolor físico y emocional. Además, el ejercicio favorece la producción de serotonina y dopamina, neurotransmisores vinculados con la sensación de bienestar y placer, claves en el tratamiento de la depresión y la ansiedad.
Investigaciones publicadas por la Asociación Americana de Psicología han confirmado que tan solo 30 minutos de actividad física moderada, tres veces por semana, pueden generar mejoras significativas en el estado de ánimo. La práctica regular también contribuye a regular el sueño, reducir el estrés crónico y aumentar la autoestima.
Caminatas, yoga y fuerza: movimiento para todos
No es necesario ser atleta o pasar horas en el gimnasio para disfrutar de los beneficios emocionales del ejercicio. Rutinas simples, accesibles y consistentes pueden ser igual de efectivas. Caminar 20 minutos al día, practicar yoga en casa o hacer ejercicios de fuerza con el propio peso son opciones viables para principiantes.
Isabel, de 38 años, comparte su experiencia: “Durante una etapa difícil de ansiedad, comencé con caminatas diarias de 15 minutos. Noté que, aunque mi entorno no cambiaba, mi forma de enfrentarlo sí. Me sentía más tranquila, con más claridad mental”.
Para quienes prefieren actividades más dinámicas, el entrenamiento en intervalos o la danza también son alternativas estimulantes. Lo importante es encontrar una actividad que se disfrute, para que el hábito pueda sostenerse a largo plazo.
Testimonios que inspiran
Miguel, de 29 años, atravesó un episodio depresivo que lo llevó a terapia y a descubrir el boxeo como vía de desahogo. “Subirme al ring fue terapéutico. No solo liberaba mi tensión, también sentía que recuperaba el control sobre mi cuerpo y mis emociones”, cuenta.
En otros casos, el movimiento funciona como una forma de meditación activa. El yoga y el tai chi, por ejemplo, ayudan a enfocar la mente en el presente y conectar con la respiración, disminuyendo el ruido mental y favoreciendo la calma interna.
Movimiento consciente, salud integral
Incorporar el ejercicio como una parte cotidiana de la vida no solo beneficia al corazón y a los músculos, también fortalece la mente. En un contexto donde la salud emocional cobra cada vez más relevancia, moverse es también una forma de autocuidado.
La clave está en empezar con pequeños pasos, ser constante y reconocer que cada cuerpo y mente tienen sus propios ritmos. Hacer del ejercicio una rutina personal, libre de juicios, puede ser el primer gran paso para transformar no solo la salud, sino la forma en que habitamos el día a día.
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