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Amor de amigas

¡Cuán terriblemente complicada es la amistad entre mujeres! A veces más que el amor de pareja, a veces más doloroso y a veces más “llegador”.

Laura Gabriela Fabre Monsalvo / PSICÓLOGA

El 14 de febrero nos centramos en el amor de pareja, pero también es un día para celebrar la amistad. Y aunque es innegable que los hombres también tienen sus temas con los amigos, también es verdad que las mujeres nos complicamos mucho más la existencia y vivimos en un mundo interior muy intrincado, donde seguimos viendo a la amiga en cuestión,  aunque sintamos envidia, enojo, frustración o ira. 

Siempre comento que las mujeres no estamos locas, aunque a veces parezca que actuamos con poca lógica, pero… ¿qué sucede en realidad? El cerebro femenino está diseñado para tener lo mejor de lo mejor; es parte de la supervivencia y de la evolución, y por eso la mayoría de las veces nuestras parejas se “vuelan la tapa de los sesos” cuando no queremos “cualquier cosa”, sino la que nosotras consideramos la más bonita, la más fina y (si eso conlleva un descuento), nos volvemos obsesivas con obtenerlo…

Cuando nuestras amigas van logrando tener esas cosas y otras no tan fatuas sino más complicadas (una pareja, éxito profesional, bajar de peso, una vida más disciplinada, etc.), aunque en algunos momentos las amemos y adoremos, eso que ellas viven se vuelve un gran reto para nosotras. Puede surgir la envidia, a veces el dolor, eso no nos vuelve malas. Por el contrario, se trata de una cuestión de simple supervivencia, una llamada interna que nos dice “tú primero y tu también”. Hablar de esto con nuestros novios o maridos es imposible, pues les desconcierta la incongruencia de que despotriquemos contra nuestras amigas, sin entender que no queremos separarnos de ellas, sino no sentirnos atrás.

Los hombres se desesperan (con justa razón) y nos regañan, y el único consejo que atinan a darnos es dejar de ver a esa amiga cuyo éxito nos incomoda y nos hace cuestionarnos nuestros propios avances.

Todo lo anterior genera un submundo por supuesto muy negado entre lo superfluo de la amistad con lo realmente vivido. Miles de publicaciones nos piden sostener amistades sinceras y sin hipocresías, cuando en realidad esto forma parte de poder estar juntas. En realidad conocemos muy poco de nuestro comportamiento real, de lo que la moral condena como “malo” “falso” o “mentiroso”, pues nuestra biología defiende al ego instándonos a sobrevivir, aunque para lograrlo no importe que se lo tengas que arrebatar al otro.

La contraparte es que también tenemos un cerebro mucho más empático y tierno que el de un varón, y esa misma amiga que me provoca miles de emociones negadas también puede contar conmigo cuando se trata de defenderla de cualquier circunstancia en la que ella necesite mi ayuda. Puedo sacarle los ojos a otra mujer que la trate de dañar, o hacer a un lado todas mis complicaciones con ella cuando está en peligro, enferma o vulnerable. 

Así de complicado es mi amor por la amiga, aunque también así de bello, si lo vemos desde otro punto de vista. Consevarlas por muchos años es un arte bastante delicado y retador, porque sobrevivir a los “pleitos” (¡a veces pleitazo!s) que me aviento con ella y encontrar la manera de reconciliarnos es muy complicado, ya que renunciar a mi punto de vista para aceptar el de ella es algo que cuesta mucho trabajo. 

Yo hoy hago un homenaje a mis grandes amigas que por desgracia para mí ya no forman parte de mi vida. Sin embargo, cuando estuvimos juntas ellas hicieron algo maravilloso que no olvido: me conectaron con la vida, me consolaron, me aceptaron como era, me acompañaron en el dolor y la transformación de volverme adulta. ¡Gracias, Cointa Canto,mi amiga de la infancia; Magdalena Chiunti, mi amiga de la adolescencia, y Karina Ramírez, mi gran compañera de la universidad! Ustedes muchas veces, aun sin saberlo, salvaron mi vida. Me siento muy feliz y honrada por poderlas reconocer con amor y gratitud, pero sobre todo profunda honra cuando tuve el gran honor de conocerlas y pasar de todo: reír a carcajadas, llorar como “Magdalenas”, vivir los amores y los desamores y enfrentar el muchas veces doloroso camino de crecer. Sin ustedes no lo hubiera logrado, y elijo pensar que sin mi ustedes tampoco. 

Nuestras amigas… un tesoro, un reto, un quebradero de cabeza, sí, pero a la vez tan necesarias como divinas. Y, como decía un diálogo de Entre Mujeres, la popular obra de teatro: “podemos destrozarnos, pero jamás nos haremos daño”.

¡Festejar a nuestras amigas (con todo el reto que eso implica) nos vuelve personas más sanas!

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