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EDITORIAL: ¿Cuándo dejar ir?

Érika Rivero Almazán / DIRECTORA DE MÁS SANA

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Cuando no duela. O las cosas se enfríen. O sean parte de un pasado quedado tan atrás que uno ya ni se acuerde. O cuando esa persona acabe de liquidar su deuda. Hasta que me cumpla lo que me prometió…

Pretextos hay muchos para no dejar ir problemas, relaciones o personas.

Entonces… ¿cuándo es sano terminar y decir adiós? Aquí algunas recomendaciones que nos orientarán sobre el momento en que lo mejor es dejar ir.

  1. Nunca existirá el momento ideal para decir adiós.
  2. Y mucho menos esperar que sea fácil e indoloro.
  3. Necesitamos reconocer que siempre dolerá separarnos de aquello que nos hizo felices, o que en su momento nos hizo la vida más fácil, o bien de lo que sacamos un beneficio.
  4. Es indispensable alejarnos cuando el diálogo se agotó, ya no hay posibilidades de entendimiento, la esperanza de llegar a una negociación se ha esfumado y las reuniones se convierten invariablemente en batallas sin cuartel y nunca se avanza o se llega a nada.
  5. Cuando los negativos superan a los beneficios y el sufrimiento se adueña del escenario.
  6. Se presentan efectos secundarios altamente dañinos: pérdidas económicas, afectaciones en el entorno laboral, pérdida del sueño, el cuerpo empieza a resentir y se enferma, depresión… ¡en fin!
  7. Podremos engañar a los demás, pero jamás a nosotros mismos: por eso, respondernos con la verdad es crucial cuando nos preguntamos… ¿ya di todo de mi para rescatar esta situación? Si la respuesta es “sí”, lo mejor que podemos hacer es cerrar ese capítulo.
  8. De lo contrario, estamos hablando de ego en su sentido más perverso y autodestructivo: “Debo salirme con la mía y obligar a las circunstancias o a las personas a que actúen como yo quiero”. ¡Cuidado! El excesivo deseo de control nos puede llevar a un callejón sin salida, siendo el principal artífice de las relaciones tóxicas.
  9. Identifiquemos el empeño o la persistencia para rescatar una relación de un empecinamiento o necedad de control. Lo primero genera bienestar y paz, cualesquiera que sean los resultados finales. Lo segundo genera angustia, frustración y ansiedad.
  10. No olvidemos que lo que es para uno, tarde o temprano se manifiesta de manera natural y hasta gentil. Cuando no, por más que lloremos, supliquemos o exijamos, la vida se cierra con el mismo ímpetu de nuestra intransigencia.

Tengamos el corazón y el espíritu abierto para identificar cuándo es necesario luchar por lo que amamos o dejar ir a lo que muerto está, tal vez desde hace mucho tiempo… y nosotros somos los últimos en saberlo.

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