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Editorial: Las tradiciones que deberían morir

Las tradiciones que deberían morir

Érika Rivero Almazán / EDITORA DE MÁS SANA

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Las tradiciones son hermosas: representan los usos y costumbres que pasan de generación en generación y son capaces de distinguir a un país, una comunidad o una familia, y por lo tanto ayudan a su cohesión, unidad y vigencia.

De ahí su importancia y la explicación del porqué sus integrantes son capaces de asumir los más altos sacrificios para que subsistan y permanezcan.

Sin embargo, hay tradiciones muy arraigadas en nuestro país y en nuestras familias que deberían morir… ¡cuanto antes y para siempre!

  1. La madre abnegada y sobreprotectora. Este tipo de mujer suele ser muy infeliz y reproduce esa desdicha en su descendencia. Por lo regular cría a “machos” o a hombres débiles, dependientes, enfermizos e incapaces de convertirse en verdaderos proveedores para sus propias familias, o en su contraparte, a mujeres inseguras y desdibujadas. En México abundan las mamás Luchas que manipulan a sus hijos, a su marido y a quien se deje con su auto victimización, su “dolor” o su enfermedad: la máscara perfecta para disfrazar su perversidad y egoísmo. La tragedia es que —por lo regular– se salen con la suya y dominan a sus hijos hasta someterlos a su voluntad… y no tienen llenadera: se entregan con abnegación a los demás, pero a cambio lo exigen todo.
  2. Los padres ausentes. La demostración de afecto es una debilidad para estos hombres, que por lo regular fueron criados por una mamá Lucha y un papá “macho” y ahora repiten el prototipo, sintiéndose incapaces de mostrarse cariñosos con sus hijos y hasta con su esposa. Se la viven en el trabajo y permanecen ausentes de sus hogares, sin crear lazos de amor o compromiso. Esta patología afectiva puede llegar al extremo, hasta abandonar físicamente a su familia.
  3. Los “machos” violentos”. México —y en especial Puebla– es el prototipo a nivel mundial de la violencia contra las mujeres y los feminicidios.
  4. El “agandalle”. El abuso de la fuerza para imponerse, la ignorancia y el egoísmo son el caldo de cultivo de esta práctica tan común en nuestro país.
  5. El no creérnosla y hacernos “chiquitos”. La carencia de amor propio hasta dudar de nuestras cualidades y aptitudes es un veneno para el progreso para nuestro país.
  6. La corrupción. Aunque existe en todas partes del mundo, en México parece una rutina “práctica” para solucionar problemas, sin darnos cuenta del daño que le hacemos a nuestra sociedad al ser partícipes de la impunidad, el desorden y la falta de ética.

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