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Cómo escapar de la cárcel del ego

El individuo, sumergido en su ego, en su río de palabras, en su diálogo interior, pierde el contacto con el mundo real.

Alejandro Jodorowsky / PSICOMAGO

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Los antiguos chinos aconsejaban a quienes querían que sus negocios marcharan bien que siempre eligieran, sin discutir, la parte menos buena del contrato. Así, preocupándose de que sus socios obtuvieran el mejor beneficio, ellos conservaban sus trabajos, haciendo crecer sus ganancias… Generosidad es no querer nada para ti que no sea también posible para los otros.

Medita bien lo que te voy a aconsejar: Si alguien te pide que le des o prestes una cantidad determinada de dinero, dale lo que te pide agregando un poco más. Si sólo le facilitas la cantidad que te pidió, esa persona —por estar en situación inferior a la tuya– sintiéndose ofendida, en cierta forma te detestará y no te agradecerá el gesto, al menos no sinceramente. Pero si le das un poco más de lo que te pide, en vez de guardarte rencor por recibir sólo la cantidad solicitada, te agradecerá por lo poco que le has dado de más.

La persona que vive encerrada la cárcel de su ego tiene cuatro grandes temores:

  1. Miedo al espacio. El infinito se le hace intolerable. Por terror a lo informe, diseña edificios rectilíneos y vive en cuartos que son cubos. No concibe ser ciudadano del planeta y del cosmos. Apoyándose en tradiciones caducas, desarrolla egoístas formas de patriotismo.
  2. Miedo al tiempo. Llena su vida de distracciones para olvidar la brevedad de su paso por el mundo. Si su aquí es un cubo, su ahora es un producto de relojes: le parece que ha dominado a la eternidad por llevarla en la muñeca, encerrada en una máquina.
  3. Miedo a la consciencia. Se contenta con hacer uso de diez células cerebrales, sin querer investigar en las incontables otras que no cesan de efectuar conexiones misteriosas en su cerebro. Permanece en su jaula de palabras y se convierte en un absurdo consumidor, transformando su angustia en infantilismo.
  4. Miedo a la vida. Detesta el cambio y se aferra a sus valores anquilosados. Exhibe sus sufrimientos con orgullo vanidoso, trata de extravagantes, locos peligrosos o engendros diabólicos a quienes, desdeñando la política corrupta, abogan por una mutación mental.

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El individuo, sumergido en su ego, en su río de palabras, en su diálogo interior, pierde el contacto con el mundo real. Negando la multiplicidad del cosmos, tiende a simplificarlo en fórmulas intelectuales, pero toda simplificación acarrea sufrimiento. Vivir en un egoísta engaño mental conduce a creerse inferior, a padecer angustia, a sentirse mutilado, a temer ser abandonado y perderlo todo.

Sin embargo, este ego implantado en nuestro ser auténtico por la familia, la sociedad y la cultura, se puede convertir en una fuente de felicidad si se le hace mutar, inyectándole en sus sistemas petrificados pensamientos, sentimientos y deseos generosos.

Estrategias a seguir

  • El espacio entero, aquel que ocupa el universo, es mi cuerpo. Soy este inmenso conglomerado de distancias y astros. Mi límite no es mi piel. Mi espíritu se extiende sin límites hasta los confines del cosmos. Estoy en todo, lo abarco todo. ¡Amo a mi cuerpo infinito!
  • El tiempo es lo que a mí me sucede. El universo no tiene fin. Nada en él muere, todo en él cambia. El cosmos, mi cuerpo, está cambiando segundo a segundo, yo estoy cambiando, nunca moriré, la muerte es sólo un concepto intelectual, yo soy eterno.
  • La conciencia es el resultado de la evolución de todos los seres vivientes. Nosotros, los humanos, de mutación en mutación formaremos una conciencia colectiva. Yo, individuo, llegaré a utilizar todas las neuronas de mi cerebro para convertirme, junto a todas las razas cósmicas evolucionadas, en un universo de energía espiritual pura, parido en verdad por la generosidad de la materia.
  • Abro la jaula del ego y me entrego a la vida, dándome completamente, siendo lo que auténticamente soy, no queriendo apoderarme de nada porque todo el universo es mío. No sintiéndome abandonado, porque sé que los seres estamos unidos; no sintiéndome inferior, porque soy el germen de la divinidad andrógina; no sintiéndome angustiado, porque sé que mi cerebro lo sabe todo, lo puede todo, es todo; no sintiéndome mutilado, porque soy capaz de vivir integrado a la humanidad y al cosmos.

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