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Guía para ser independiente

Todo sonido que llega a nosotros tiene la capacidad de afectarnos negativa o positivamente.

VIOLETA RAMÍREZ / Tarotista, Tetha Healer y Terapista Floral

 

Man sitting on a hill under the tree

Poder llamarnos independientes es el resultado de una lucha interior donde vencimos miedos, sanamos heridas y propiciamos cambios drásticos en nuestra vida… ¡va más allá de no depender de otro o de negarnos a pedir o recibir!

Sin embargo, con mucha frecuencia caemos en la tentación de creer que ser independientes nos da una libertad absoluta, y de ninguna manera es así, porque aún Weie Trviviendo como queremos y decidimos, estamos en relación con otros en nuestra vida: pareja, hijos, familia, amigos, colaboradores, clientes, empleados, etc., y nuestra relación con ellos tiene que ser regulada y consensuada entre ambas partes para mantenerse sana.

Así que vivir completa y absolutamente independientes es meramente imposible, porque somos seres vinculados y sociables y es eso lo que nos mantiene humanos, empáticos y sanos.

Encerrarnos o aislarnos hasta eliminar cualquier vínculo afectivo con amigos y familia, sólo para hacer lo que nos complazca y sea nuestra voluntad, sin preguntar o dar cuentas a nadie, nos convierte en personas enfermas, y este estado descompuesto y patológico requiere atención inmediata, porque dista mucho de la verdadera libertad o independencia.

Poder vivir como he decidido hacerlo requiere conciencia y ética, herramientas básicas para poder vivir sin dañar a otros y saber distinguir cuándo mis actos pueden afectarles, y en qué ocasiones lo que me afecta es su responsabilidad.

El camino a la independencia

  1. Tengo claro mi propio ser, me conozco y sé que puedo cuidar de mí sin ponerme en peligro.
  2. Económica, emocional y mentalmente no dependo de nadie. No tengo un líder o cuidador al que yo siga o imite. He podido definirme con pensamientos, ideas y emociones propias, y mi ingreso económico es a través de hacer lo que me gusta.
  3. Sé poner límites de manera efectiva y adecuada sin gritar, herir, ofender o ser violento, y también conozco la diferencia entre imponerme a la fuerza y poner límites.
  4. Sé hablar de lo hago con claridad. Puedo hablar desde lo que me sucede y tengo claro dónde está mi responsabilidad sobre mis acciones y la de los demás. No mezclo emociones del pasado con las actuales al momento de expresarme.
  5. No existe emoción, persona, problema o adicción que me esclavice o me mantenga inmóvil y supeditado a sus cambios.

Si te falta por resolver alguno de los anteriores puntos, entonces no… ¡no eres independiente! Muchas veces los grandes cambios requieren ayuda profesional para realizarlos, y un terapeuta o psicólogo son la respuesta.

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