
Salud o estética: una discusión necesaria…
Revista Más Sana
Durante años, hablar de salud corporal fue casi sinónimo de adelgazar. Revistas, consultas médicas y redes sociales reforzaron la idea de que bajar de peso equivalía a estar mejor. Sin embargo, esa narrativa comienza a romperse. Cada vez más personas, especialmente adultas jóvenes, cuestionan si el peso es realmente un indicador de salud o solo un estándar estético disfrazado de bienestar.
La pregunta es clara: ¿cuidamos la salud o perseguimos un ideal corporal?
El peso: una medida fácil, pero incompleta
El número en la báscula resulta atractivo por ser simple y medible. El problema es que no cuenta toda la historia. Dos personas con el mismo peso pueden tener hábitos, niveles de estrés y condiciones de salud completamente distintas.
Reducir la salud a kilos perdidos deja fuera factores clave como el descanso, la alimentación real, el movimiento cotidiano, la salud mental y el contexto de vida. Aun así, el peso sigue siendo el objetivo principal en muchos discursos.
Cuando la estética se disfraza de bienestar
Con frecuencia, el lenguaje de la salud se usa para justificar estándares estéticos muy específicos. Se habla de “cuidarse” o de “verse bien para estar sano”, cuando en realidad se promueve un solo tipo de cuerpo: delgado, joven y funcional.
El problema no es querer cambiar el cuerpo, sino confundir las motivaciones. Perseguir una imagen idealizada suele generar culpa, obsesión y ciclos de dieta que terminan dañando más la salud que el peso mismo.
La salud también es hábito, no solo resultado
Hoy existe mayor consenso en que la salud se construye desde comportamientos sostenibles, no desde castigos corporales. Comer de forma suficiente, moverse con regularidad, dormir mejor y manejar el estrés mejora la salud incluso cuando el peso no cambia.
Para muchas personas, estar mejor no implica adelgazar, sino dejar de vivir en conflicto con su cuerpo.
El peligro de moralizar el cuerpo
El enfoque centrado en el peso suele dividir los cuerpos en “buenos” y “malos”, asociando delgadez con disciplina y peso con fracaso. Esta moralización no solo es injusta, también es ineficaz.
La culpa rara vez genera bienestar duradero; por el contrario, refuerza relaciones dañinas con la comida y el ejercicio.
¿Se puede hablar de peso sin reducirlo todo a eso?
Cuestionar el peso como eje central no significa negar que, en algunos casos, los cambios corporales se relacionen con la salud. La clave está en no convertirlo en el único objetivo ni en una medida de valor personal.
Hablar de salud implica considerar historia clínica, acceso a recursos, entorno y bienestar emocional.
Un enfoque más amplio y más humano
Ir más allá del “bajar de peso” abre preguntas más útiles:
- ¿Tengo energía para mi día a día?
- ¿Mi alimentación me sostiene o me castiga?
- ¿Mi cuerpo se mueve mejor y descansa más?
- ¿Mi relación con la comida es menos ansiosa?
La salud no siempre se ve, pero se siente.
Repensar el vínculo entre cuerpo y peso no es una moda, es una necesidad. Para una generación cansada de exigencias imposibles, apostar por la salud más allá de la estética es un acto de cuidado y de resistencia.
Quizá no se trata de pesar menos, sino de vivir mejor dentro del cuerpo que ya tienes.
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